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La religiosidad, consecuencia evolutiva.

La religiosidad, consecuencia evolutiva.

 

Los humanos somos criaturas capaces de encontrar patrones en el ambiente que nos rodea, pues nuestros cerebros han evolucionado de esta manera, siendo aquellos que encontraban significado a lo que estaba al alcance de sus sentidos los que tenían mayor posibilidad de sobrevivir; en el supuesto que dos cazadores estuvieran al acecho de una presa y a lo lejos escucharan que el pasto se movía, el que decidía huir, pensando en la posibilidad de que fuera un depredador ocultándose entre los pastizales lo que había causado el ruido, tenía una mayor posibilidad de seguir con vida y reproducirse que aquel que decidió quedarse a investigar si el ruido había sido causado por el viento o en verdad se trataba de un depredador, por lo que la Selección Natural habría favorecido a aquellos animales que en primera instancia asumieran que el patrón que reconocieron era real.

El primer caso pudo tratarse de un error estadístico de tipo I, un falso-positivo, error en el que una persona asume que algo es verdad, debido a un error, como cuando una prueba médica falla e indica que un paciente tiene una enfermedad o virus que realmente no padece, al igual que cuando una prueba de embarazo da un resultado positivo a pesar de no estar preñada la mujer.

Mientras que el segundo caso podría ser un error estadístico de tipo II, un falso-negativo, un error en el que se asume que lo percibido no es indicación de lo que se esperaba en un inicio, siguiendo con el ejemplo de la prueba médica, si la misma falla en un paciente que sí padecía de la enfermedad, arrojando un resultado negativo, el paciente no recibirá el tratamiento adecuado, pudiéndole causar la muerte. (Para más información sobre los errores estadísticos, da click aquí)

Tras años de adaptación los primeros humanos habían desarrollado su capacidad para darle significado a cualquier patrón que observaban, aun de entre ‘ruido’ sin sentido; esto es a lo que el psicólogo Michael Shermer denominó Patternicity, que puede ser traducido como “Patronicidad”.

Además de causar errores estadísticos que podían incrementar la posibilidad de supervivencia, ¿tiene la patronicidad una función práctica?

Sí, encontrar patrones en la naturaleza ayudó a los primeros humanos agricultores a identificar las estaciones, temporadas de migración de diferentes animales de presa, cambios climáticos, etc.

Sin embargo, es esto mismo lo que, sumado a un sesgo cognitivo de confirmación, da lugar a los avistamientos de fenómenos

A chunk of wood that people think is the Virgin Mary
Un tronco que la gente ve como si fuera la Virgen María

paranormales donde no los hay, de la misma manera que la gente ve a figuras de su propia religión en diferentes lugares, como sus alimentos

 

o hasta al presidente que recientemente había muerto, tal fue el caso del presidente venezolano Nicolás Maduro. Estos son casos de pareidolia, el encontrar patrones que el cerebro reconozca como rostros humanos, parte específica de la patronicidad.

pareidoliaWTC
Supuestas caras presentes en el humo de las Torres Gemelas

Algunos otros ejemplos muy conocidos son los mensajes ocultos en canciones reproducidas en reversa, la cara en Marte, astrología y demás métodos de adivinación, numerología, etc.

¿Por qué pasa esto?

Nuestro cerebro se adaptó al reconocimiento de patrones no solamente para incrementar la posibilidad de poder sobrevivir para pasar sus genes, sino también para ahorrar recursos al pensar y utilizar casos previamente aprendidos en situaciones similares.

La manera más común de la patronicidad, es cuando se encuentran patrones en sucesos y circunstancias inconexas que describen un caso aislado, dando forma a las teorías de conspiración, donde se tiene la tendencia a creer que el mundo es controlado por agentes ‘invisibles’ intencionados, no aleatorios. A esto Michael Shermer denominó Agenticity, que en español puede ser interpretado como “Agenticidad”, siendo el más conocido y que más gente considera verdad, el creador o diseñador inteligente que dio forma al mundo, dejando patrones fácilmente reconocibles para aquellos que los buscan, donde las personas encuentran belleza.

La suma de Patronicidad y Agenticidad generan el sesgo cognitivo que da forma a las religiones y el apego a las mismas, la religiosidad, explicaciones primigenias al mundo que nuestros antepasados no podían comprender y cuyas interpretaciones se basan en una visión básica del mundo donde se le dotaba de personalidad e intención a las fuerzas de la naturaleza, dándole una consciencia al universo o creando una figura que representara a la voluntad de ese universo, formando a un/os dios/es que fueran la máxima respuesta a los patrones que no comprendían, volviéndolos humanos, empatizables y relacionables a uno mismo.

Fuentes:

Agenticidad y Patronicidad: 1, 2.

Reconocimiento de patrones, supervivencia, aplicación y extrapolación de casos: 3 (PDF descargable).

Material adicional:

Pareidolia: A, B.

Apofenia: C.

 

Karma, la cultura de culpar a la víctima, el peor sustituto moral y consuelo de los tontos.

Ya que el Karma es una ideología que ha tomado fuerza en los últimos años fuera de la religión que originalmente la ideó, siendo incluso tomada como sustituto por algunos ateos a la idea moral que se les había inculcado cuando formaban parte de una religión o culto, es importante analizarla por lo que es.

La “ley del Karma”, como es denominada por sus seguidores, es la idea de que cada decisión y acción tomada por un individuo moldea desde su apariencia física, hasta su destino a largo plazo y eventos que le ocurrirán; no como consecuencia directa, sino como resultado de la intervención de una fuerza universal.

El concepto de una fuerza universal que mantiene el equilibrio castigando y premiando a los individuos con base en sus acciones es común en múltiples religiones y filosofías, algunas le dan personalidad y voluntad, como al dios castigador presentado en el Antiguo Testamento, mientas que otras lo tienen como una fuerza ciega que imparte justicia sin necesidad de tener un personaje en sí misma, surge de la necesidad de las personas de tener un consuelo cuando se sintieron completamente impotentes ante una situación causada por un tercero, como cuando una persona es víctima de un robo, no puede detener al asaltante y se consuela con la idea de que El Universo/Dios/Justicia Divina/Karma castigará al ladrón por haberle hecho daño; pero de la misma manera, surge en contraposición la necesidad de sentir un reconocimiento por las buenas acciones de un individuo que podrían pasar desapercibidas por sus pares, lo que conlleva a la idea de que la fuerza superior que mantiene el balance los premiará por haber realizado dicha acción.

Algunas de las fuerzas previamente mencionadas castigan y premian durante el tiempo de vida del individuo, mientras que otras lo realizan hasta después de que la persona ha muerto, como el cristianismo y el islam.

La idea del Karma recae en la primera categoría, puesto que afecta a la persona mientras esta se encuentre con vida, por lo que si el individuo es asaltado, robado, violado o asesinado, es enteramente culpa suya, como comúnmente se dice en el islam cuando se busca excusa para golpear a una mujer: “algo habrá hecho”, la persona es tanto culpable como responsable de lo que sea que le haya ocurrido, sin embargo, si es una persona joven o que jamás ha llegado a cometer un crimen lo suficientemente grande como para merecer dicho castigo, la ideología entra en conflicto, lo que lleva a un proceso de racionalización en el que la única manera de explicar dicho acto es mediante la creación de un sistema aún más complejo, la reencarnación y vidas pasadas, conceptos presentes hasta el día de hoy para mantener el sistema de castas en algunas regiones de la India, iniciativa meramente religiosa que ha encontrado su lugar en la política y estilo de vida de muchos.

Lo que nos lleva a una pregunta:

¿Es el Karma en verdad moral y vale la pena usarlo como base para un estilo de vida?

La respuesta sencilla es “no”, puesto que esta es una creencia que trata de sustentarse en conceptos científicos como la ley de la causa y efecto, también llamada Principio de la causalidad y no tiene bases en el mundo real, dado que no ha sido demostrado bajo rigurosas pruebas de laboratorio; pero, principalmente por el daño que causa en la persona que es víctima de las acciones de un tercero, pues el Karma propone que es culpa de la víctima cualquier cosa que le haya sucedido, ya sea por acciones que haya realizado directamente o en una “vida pasada”.